
Para ello nada mejor que un par de dibujos de Lalo Alcaraz, el creador de "La Cucaracha" , caricaturista editorial afincado en los yunaites.


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Lima es una ciudad onomatopéyica
El tándem formado por el dibujante Joan Marín y el escritor Hernán Migoya marcó una experiencia inédita en el cómic español. El proyecto de “Olimpita”, novela gráfica que recoge la violencia y los desencuentros culturales en el barrio de Gràcia, en el corazón de Barcelona, nació a pedido de un sello (Norma Editorial) que dos artistas hicieron propio. “La editorial buscaba un producto muy claro para un público específico. Era algo muy raro para el mercado español”, comenta el historietista Joan Marín, actualmente en Lima gracias a las gestiones del Centro Cultural de España como parte del festival de historietas Mundo Viñeta.
También les recomendamos la entrevista de "Ciudadano Pop" a Joan Marín, donde cuentas sus impresiones sobre "Plagio" la nueva historia de Migoya que se desarrolla en parte del Perú.
CP: Qué bueno. Estoy al tanto que en este momento, estás colaborando con Hernán Migoya en Plagio. ¿Qué nos puedes contar de esta novela gráfica?
XM: Plagio es una novela que ocurre acá en Lima. Cuenta la historia del secuestro de la mujer de Hernán, hace unos diez u once años. Fue algo público y tuvo bastante repercusión en la prensa. Lo que Hernán va a hacer es contar esta historia y aprovecharemos en hablar un poco de Lima y en contar lo que es ser mujer en esta ciudad. También hablaremos de cómo países occidentales ven a países tercermundistas. Es una idea que Hernán llama ‘El Toro Salvaje’, ese concepto que los demás tienen sobre otros países. Vamos a mostrar esos clichés tan manidos y Hernán también hablará de ese amor que tiene él por la ciudad y por su gente.
CP: Y tú como artista, me imagino aprovecharás en documentarte sobre ciertos lugares específicos.
XM: Claro. Yo había visto Lima solo a través de la documentación que me había alcanzado Hernán y es algo muy distinto poder verlo en persona. Estoy conociendo todo esto y ahora estoy viendo la realidad. Por ejemplo, veo casas y tiendas con muchas rejas. Hay un miedo visceral que algunas personas tienen muy presente. Y en cierta forma, esto va a afectar mucho mi trabajo. Tengo dibujadas unas cuarenta páginas y creo que bien llegue a Barcelona, las voy a romper todas.

























“No tengo mucho tiempo para hacerlo, y lo más grave, no tengo más ganas. Como que se cumplió un ciclo, no por él como personaje, sino por mí, por mi incapacidad de trabajo. No tengo tiempo.”
--Si lo volviera a hacer, ¿cómo sería, luego de que el muro de Berlín se vino abajo?
--No cambiaría mucho, pienso, porque tampoco creo que la característica personal de Boggie sea un patrimonio exclusivo de cierto grupo de poder norteamericano. Ahora podría estar ligado a las mafias del narcotráfico ruso o colombiano. Boggie ha aprendido, ha tenido éxito, y seguiría teniendo una nueva temática dejando de lado al enemigo central, el comunismo.
--¿No lo mataría?
--En principio yo creo que ese sería un final lógico para un personaje tan violento como Boggie, aunque la experiencia de las tiras cómicas indica que uno debe matar a un personaje, pues no se sabe qué va a pasar el día de mañana. En realidad nunca me planteé eso de la muerte, y si me lo hubiera planteado sería una muerte de verdad, no como la de Superman. No sé… Boggie está suspendido, pero claro, su final lógico sería la muerte violenta
