sábado, 25 de agosto de 2012

Se presentó "principios de la caricatura" de Francis Grose en español

Se recupera el breve e incisivo tratado que, a fines del siglo XVIII, Francis Grose le dedicó a la caricatura Por Cecilia Macón | Para LA NACION



La premisa de toda caricatura nace de una paradoja: es por medio de la distorsión que resulta posible acceder de manera precisa a la esencia de las personas. Negadora estricta de las bondades del realismo, impulsa trazos simplificados para producir los efectos multiplicadores de la ironía. Los reportes más citados indican que el primer caricaturista fue Leonardo Da Vinci al utilizar como modelos a personas con deformidades llamativas: la reproducción de mentones, narices o bocas que sobresalen o se hunden más de la cuenta parecía capaz de producir un efecto particularmente desestabilizador.

Si Claude Monet y Honoré Daumier también se ocuparon de hacer caricaturas es porque ambos trataban de poner en juicio las reglas mismas de la representación. Y el jaque a la representación artística avanza por default hacia la estrictamente política.


 La traducción al castellano de Principios de la caricatura de Francis Grose, publicado originalmente en inglés en 1788, abre la posibilidad de acceder a los orígenes de un género que resulta difícil disociar de la relación compleja y a la vez fundacional entre comicidad y política. Grose -anticuario, dibujante y lexicógrafo- publicó obras tan diversas como Diccionario clásico de la lengua vulgar , Las antigüedades de Inglaterra y Gales , Tratado de armaduras y armas antiguas y un volumen de ensayos satíricos. En el sutil recetario que despliega aquí se aconseja aprender a dibujar la cabeza a partir de buenos principios, recordar la existencia de seis variedades de mentones, cuatro de bocas y siete de narices, y atender a su presentación de figuras matemáticas que sintetizan las pautas desplegadas en forma gráfica.

Su lente no discrimina: las caricaturas presentadas por Grose incluyen personajes tan disímiles como Marco Antonio, médicos, anticuarios, esposos fieles, Boadicea, fantasmas y maestros. Pero es en el segundo texto incluido en este volumen -"Un ensayo sobre la pintura cómica"- donde brilla la capacidad crítica de Grose. Su análisis lleva a definir la risa como resultado de cualidades inapropiadas y defectos de poca importancia -los graves, dice, hacen llorar y no reír-: es el soldado cobarde, el músico sordo, el bailarín chueco o el viejo presuntuoso. El efecto cómico del anacronismo, del absurdo, de la representación de la imposibilidad, aunque universales, advierten también sobre la fecha de caducidad de ciertos trazos.
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 La presentación de este libro se produjo ayer viernes en el Museo del Humor ( MuHu ), en la mesa se anunció la presencia de mesa con Alfredo Sábat (caricaturista), José Emilio Burucúa (filósofo- ANBA) y Nicolás Kwiatkowski (historiador- CONICET). Moderadora: Marcela Gené (Historiadora de arte - CAIA). 

"Principios de la Caricatura"

 Escrito en las últimas décadas del siglo XVIII, en la llamada "era de oro" de la caricatura inglesa, el libro de Grose resulta clave para una historia de la imagen satírica, género cada vez más relevante en los estudios políticos, sociales y culturales. El artículo introductorio de José Emilio Burucúa y Nicolás Kwiatkowski permite dimensionar históricamente la obra y, a la vez, despliega un recorrido sobre las representaciones visuales cómicas y un análisis de su eficacia en relación con la palabra y como instrumento de la política. "La cuestión de la risa asociada con las imágenes, es decir, los mecanismos de la imagen para provocar diferentes tipos de risa o de comicidad, es el tema del tratado de Grose en términos prácticos, asunto desbrozado como problema historiográfico por Burucúa y Kwiatkowski de un modo sintético y profundo a la vez." Laura Malosetti Costa y Marcela Gené

 
  Francis Grose (Londres, Inglaterra, 1731-1791)

Anticuario, dibujante y lexicógrafo, recibió una educación clásica, si bien en un comienzo abrazó la carrera militar. Estudió dibujo con William Shipley y expuso sus primeras obras en la Society of Artists y en la Royal Academy, de Londres. En 1757 fue elegido miembro de la Society of Antiquaries. Entre 1772 y 1787, editó The Antiquities of England and Wales, un libro de grabados de edificios medievales que incluía textos explicativos junto a las imágenes y que tuvo varias versiones y suplementos. Entre sus obras se cuentan A Classical Dictionary of the Vulgar Tongue, A Provincial Glossary, with a Collection of Local Proverbs, and Popular Superstitions, Military Antiquities y un volumen de ensayos satíricos, The Grumbler.

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