martes, 13 de marzo de 2012

El Cómic NO ES ARTE

Según TEORÍA DEL ARTE VERSUS LA SEÑORA GOLDGRUBER DE MAHLER
Tras relatar sus pinitos como falsificador de firmas y una breve carrera de dependiente en un videoclub, las páginas de este libro nos llevan a los episodios de su vida como dibujante de cómics: con la mirada distante en el absurdo, Nicolas Mahler cuenta en "La teoría del arte versus la señora Goldgruber" su propia vida. Así es como su agente fiscal, la señora Goldgruber, le da el visto bueno, después de un arduo trabajo de persuasión: «Bueno, será arte, después de todo», para terminar clasificándolo, no como dibujante publicitario, sino como «artista». Una y otra vez se ve obligado a justificarse por su actividad como dibujante
de cómics, ya sea en la aduana o en los círculos académicos. Ante este volumen, los amigos del humor seco vienés no dudan un segundo: Mahler nunca fue tan divertido.
No suele exponerse en un museo, pero sí se colecciona. Cada ejemplar no cuesta mucho, pero no es exactamente para todos los públicos. Existen tantos motivos para considerar que el cómic es un arte como para considerar que no lo es.

La teoría del arte versus la señora Goldgluber es una hilarante novela gráfica y autobiográfica del dibujante austriaco Nicolas Mahler en la que se ironiza sobre los tópicos del mundo del cómic y del arte empezando, como no, por el más tópico de todos los tópicos: ¿el cómic es o no es arte? Mahler da algunas pistas, pero en la mayoría de los casos son las "generalizaciones arbitrarias" con las que ha tropezado toda su vida las que contestan, a su manera, a esta complicada pregunta.

1: Si da dinero es arte, si no da dinero no lo es

“Miles y miles de páginas garabateadas, infinidad de teorías esbozadas y descartadas…Desde tiempos inmemoriales, personas que no tenían otra cosa mejor que hacer le han dado vueltas a una pregunta: ¿Qué es arte? ¡Esas almas perdidas deberían hacerle una visita a la señora Goldgruber” escribe Mahler.

Pero, ¿quién es la señora Goldgruber? La señora Goldgruber es una típica funcionaria de la Agencia Tributaria dispuesta a solucionar la eterna cuestión sobre lo que es arte sólo para estar segura de que su cliente, Mahler, tribute lo debido: si es un artista el 10%, si no lo es el 20%. Si lo que hace Mahler son Pitufos y Mickey Mouse y gana dinero es un artista, si son simples tiras dibujadas sin ningún sentido aparente y es imposible que gane dinero con ellas, no lo es.

De todo esto se deduce que es artista sólo el que gana dinero: no hay artistas pobres sólo unos fracasados. Por eso los dibujantes de cómic – tal y como el protagonista de la novela – pasan por trabajos que poco tienen que ver con sus verdaderas aptitudes e aspiraciones como: videoclubes; agencias publicitarias; películas de animación que por muy raras que sean reciben subvenciones mientras al cómic nadie le hace caso, remarca Mahler con amarga ironía; profesores y hasta dramaturgos.

2: El arte busca exclusividad y el cómic difusión

El arte, afirma Mahler, busca un original valioso o como mínimo una tirada limitada “así los dueños se lo pueden guardar sólo para ellos” y “el resto de la gentuza que se lleve el cartel de la tienda”.

El cómic al contrario “busca salir publicado en forma de cuadernillo o libro y conseguir la mayor difusión posible”.

3: El arte es para el museo y el cómic es para la imprenta

La página del cómic está dibujada para la imprenta y no para el museo, a diferencia de una obra de arte. “Lo importante es la historia, no la página en sí. Es por eso que las exposiciones de cómic suelen ser de lo más tediosas”.

4: El arte es serio y el cómic no

“El cómic recibe aceptación cuando se presenta como un accesorio kitsch”. Es decir: se excluye a priori que el cómic pueda tratar de cosas serias. Aunque no sea verdad.

5: El arte y el cómic son enemigos naturales

Sin embargo el esnobismo no es sólo del arte hacia el cómic, es más bien recíproco. “Para lo auténticos lectores de cómic el concepto de arte es una palabrota”. De hecho, afirma Mahler, "los friquis del cómic y los tontos del arte tienen mucho en común, más de lo que le gustaría reconocer": los primeros reniegan de un cómic si se parece demasiado al arte y los segundos nunca se atreverían a leer un cómic, por lo menos en público, justo porque no se podría confundir con el arte ni siquiera por equivocación.

fuente: lainformación

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